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Hoy nos marcharemos de viaje hasta Aragón. Allá donde dicen que dos bocados de vaca, mejor que siete de patata… saben lo que es el buen comer y el valor de una buena cocina. Pero vamos a caminar un poquito más hasta el Alto Gállego, vamos hasta Sallent de Gállego, donde seguro que todo el mundo conoce Formigal.


Formigal es en realidad un pueblecito muy pequeño, famoso sobre todo por sus pistas de esquí y su inmensa oferta para el deporte blanco. Fama, por otra parte, bien merecida. ¿Quién no ha ido a esquiar a Formigal? Pues… si alguien falta por vivir esa experiencia no debería dejarlo para mañana.


Además es un sitio a dos pasos de Francia, lo que multiplica las posibilidades de pasarlo bien y no sólo deportivamente halando, porque esa zona también es famosa por su oferta de wellness, por sus locales nocturnos y sobre todo, por su extraordinaria gastronomía, lo que unido a que la estación de Formigal celebra su 50 aniversario nos deja un panorama irrepetible, a pie de pista.


Y es que la localidad se ha modernizado mucho y ahora es posible llenar la panza con los manjares más exquisitos. Me refiero a que es posible acceder a una gama de platos que os van a dejar con la boca abierta: sushi, hamburguesas gourmet, chuletón con champán… lo que os apetezca.


Por ejemplo, podemos empezar el día tomando un aperitivo en el poblado indio, en la zona del bosque. Un sitio encantador construido a base de tipis. Después podemos ir a El Iglú, una verdadera casita de hielo, en el descenso de Izas, ahí es donde se encuentra el buen sushi, todo ello acompañado de champán o de vino caliente. Más allá está La Glera, que es una cabaña de madera a casi 2.000 metros de altura y a donde se llega haciendo esquí ratrack. Esto es un antiguo refugio de pastores. Aquí os recomiendo la carne a la brasa y sus deliciosos postres caseros. Las cervezas las enfrían directamente poniéndolas en la nieve, lo mejor para calmar la sed al calor de la chimenea.


Esto por mencionar sólo algunos ejemplos, porque lo que está claro es que cuando uno lleva todo el día en pleno ejercicio, lo que apetece es quedarse en el hotel. Y esto antes era una pena, pero ahora hay una gran oferta de  hoteles en Formigal, la verdad, es que son fantásticos y nada mejor que darse una buena ducha y bajar a disfrutar de una buena cena sin tener que salir de nuevo al frío de la noche y rematar el día con un chocolate calentito, tumbados en un sofás y con los pies bien cerca de la chimenea, contando las anécdotas del día, que serán muchas.

Gastronomía y nieve: Formigal

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