Viena para todo la familia

 

 

Israel es un país castigado a la leyenda del turismo religioso. Y ese amplísimo espectro no nos permite ver que su oferta turística abarca absolutamente todo lo imaginable y algunas cosa que se quedan fuera.

Hace unos años, se presentaba como el destino perfecto para visitar en familia, porque su diversidad es tan grande que cada uno podía acoplarse a aquello que mejor le pareciese.

Por ejemplo, el niño podía pasarlo bien en las atracciones para su edad, como MiniIsrael, un parque temático de maquetas, que representa el país entero para verlo de un vistazo. La niña ecologista se unía a un kibitz y se pasaba el tiempo entre cultivos y plantas, el hijo adolescente,

 

 

 

prefería los deportes, como el buceo en el Mar Rojo, o el treking por el desierto. La mamá se desligaba de toda la familia y disfrutaba de las compras, a todo lujo en las tiendas más exclusivas o paseando por los mercadillos de cada ciudad en busca de tesoros perdidos en algún puestecito.

El padre, optaba por el turismo arqueológico y hacía un recorrido por algunas de las ruinas y excavaciones más interesantes, como Cesarea, Qumram, Massada o san Juan de Acre, entre otras muchas. Y los abuelos se unían a grupos de peregrinación para conocer de primera mano los lugares santos.

Efectivamente todo eso es posible. Cada uno puede elegir aquello que más se adecue a sus preferencias y pasar unas vacaciones de ensueño como no podría en ningún otro lugar del mundo. Además es esta pequeña muestra, también se puede hacer una ruta arquitectónica, por ejemplo por Tel Aviv con la ciudad blanca y sus casas modernistas, una ruta gastronómica, una ruta histórica, una ruta fitness que incluye la visita al Mar Muerto y que es una gozada, una ruta musical con algunos conciertos dignos de reyes… no sé, las posibilidades son absolutamente infinitas y las oportunidades también.

 

DATOS DE INTERÉS

 

Texto: PALOMA GIL

Fotos: ALBERTO PERAL

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