Un Innsbruck muy romántico

 

 

Innsbruck es un verdadero abanico de posibilidades para una pareja que busque pasar un tiempo agradable en la mejor de las compañías.

El centro de la ciudad es lo más monumental. Recomiendo empezar por el Arco del Triunfo y seguir por la calle Maria Theresien , donde está la columna de Santa Ana , que es una columna de piedra en cuya parte superior, en lugar de Santa Ana, está la Virgen María… al final de esta calle, después del Graben y la calle Friederich, llegamos a la parte más medieval de la ciudad, es decir, justo a la plaza donde se encuentra el Tejadillo de Oro , construido por el emperador Maximiliano (de hecho, allí mismo está el museo de Maximiliano ) , y un poco más allá, la Torre de la Ciudad , desde donde la vista es espectacular, y el único

 

 

 

edificio barroco, el HelblingHaus.

A través de esas callecillas, por ejemplo, hacia la derecha, encontraremos la Hofkirche , el mausoleo del emperador Maximiliano, en cuyo interior hay un buen número de estatuas de bronce que representan a los personajes más sobresalientes de su historia que debían acompañar al emperador en su descanso eterno, pero… la cripta del emperador está vacía. A la izquierda el Museo del Pueblo , a la derecha el Palacio Imperial , el Hofburg y la Catedral de Santiago . Y justo en frente el maravilloso parque imperial.

Tampoco hay que olvidar la Iglesia Jesuita, el Ayuntamiento , cuya galería diseñada por Dominique Perrault en 2002 merece una visita. Y en lo alto el bar 360 grados, constituye otro de los mejores miradores de la ciudad. Si hay oportunidad, un poquito más lejos, el fabuloso trampolín de saltos de esquí en el Bergisel, también diseñado por la iraní Hadid. A las afueras de la ciudad, por ejemplo, está el castillo de Ambras, Scholss Ambras . Con una curiosa colección de armas y armaduras, obras de arte de lugares lejanos y una galería de retratos de los Habsburgo. Otra visita a las afueras es la del AlpenZoo . Uno de los zoológicos más divertidos de Europa y al que se puede llegar a través del funicular de Hungerburg Bahn diseño de Zaha Hadid, que por otra parte, continúa su recorrido hasta la cima de la montaña donde se puede disfrutar de una vista maravillosa, de muchos de los deportes más característicos de la ciudad, desde el senderismo, hasta el ala-delta, desde las raquetas hasta la bicicleta de montaña…

En los alrededores se pueden visitar los quince pueblos que rodean la ciudad y donde se desarrolla la verdadera vida tirolesa, en sus granjas tradicionales, en esas casitas típicas de madera… Igls, Aldrans, Patsch, Ellbögen, Rinn, etc. Aún más lejos hay otro pueblecito maravilloso que merece la pena visitar: Seefeld y aún más allá, en la carretera que lleva a Munich, el castillo de Tratzberg ( Scholss Tratzberg ) un verdadero viaje al Renacimiento.

DATOS DE INTERÉS

 

Texto: Paloma Gil/ Fotos: Alberto Peral

Otros links

www.revista80dias.es

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