Los mayores navegan por el Lot

 

 

Erase un tiempo en que los ríos eran más seguros que los caminos. Las ciudades surgían al pié de éstos, fomentando el comercio y facilitando los desplazamientos. Estas ciudades medievales olvidaron con el paso del tiempo su herencia fluvial, pero hoy, en el río Lot, podemos evitar carreteras, coches y atascos, y recordar que es tan importante el camino cómo el destino elegido. Además la movilidad cuando se viaja con mayores no presenta un problema porque está todo pensado.

En Cahors podemos navegar en barcazas en las que nos llevarán desde el Pont Valentrè hacia el oeste, pasando por las esclusas que nos elevarán para salvar los saltos de agua, mientras una guía nos cuenta la historia de la ciudad. Es un paseo tranquilo y una manera diferente de

 

 

hacer turismo. Podemos ir en cubierta si el tiempo lo permite, como casi siempre, o refugiarnos en el interior si el tiempo no es de nuestro agrado. Hay suficientes sitios para sentarse tanto en cubierta como dentro del barco, y, aunque los barcos no están adaptados para minusválidos, los pocos escalones que encontramos para recorrer el barco no presentan dificultades y hay barandillas a ambos lados. Y a disfrutar. Dejarnos mecer por las aguas tranquilas, tomar fotos, charlar o escuchar a la guía. Pero la propia ciudad se merece una visita. Pasear por el casco histórico es sumergirse en tiempo de cruzados y obispos poderosos, terratenientes ambiciosos y valientes caballeros. Y para finalizar la visita, podemos tomar un café en una terraza. Incluso en los días de mercado, miércoles y sábado, puedes comprar los productos de los huertos de los vecinos y probarlos en las terrazas, pidiendo sólo las bebidas en ellas.

En Bouzies, Luzech o Douelle podemos alquilar un barco, por días o semanas y navegar el Lot. Parada indispensable es Saint Cirq Lapopie, que no es, como Cahors, una ciudad moderna con una herencia medieval bien conservada. Es un pueblo detenido en el tiempo, con calles empedradas centenarias (y aceras de fácil acceso) y castillos, donde los gremios siguen conformando los barrios. Una de las partes más divertidas, es abrir y cerrar las esclusas manualmente. Aunque no se necesita un físico atlético, requiere que en el barco naveguen más de dos personas, y unos conocimientos mínimos de navegación que aporta la propia empresa antes de iniciar el crucero.

DATOS DE INTERÉS

 

Texto y Fotos: ALBERTO PERAL

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